Yyyyy terminé de verla! Attack on Titan fue una serie tan titánica (hehe) que tuve que dividir la reseña en dos partes! Mmmm, tal vez exagero, pero la verdad es que dedicarle dos posts resulta muy apropiado ya que casi consiste de dos series distintas:
Digo “casi” porque cada mitad de la serie trata de una tierra alterna donde la humanidad ha sido diezmada por gigantes humanoides llamados Titanes. Los últimos humanos viven tras muros de 50 metros de altura, en relativa paz hasta que un Titan de 60 metros hace su aparición, colapsa el muro exterior, y empieza de nuevo el conflicto.
Como indicaba sutilmente en mi post anterior, la primera parte es sobre un grupo de pobres diablos con cara de estreñimiento tratando de repeler a los titulares Titanes. El problema es que habían ido a la escuela de combate de los Tres Chiflados, y les estaba yendo muy mal.

Antes que nada, debo aclarar que entiendo lo que querían hacer con la historia, en serio. Los creadores querían mostrarnos la desesperación de una raza humana llevada al borde de la extinción, y la frustración de los soldados al enfrentarse a un enemigo invencible, pero por hacer esto llevan las cosas al borde de lo patético. Digo, estamos hablando de una tierra donde los Titanes llevan un mínimo de 100 años existir, a eso sumadas un par de décadas en las que la mayoría de la población de humanos fue devorada, correcto? Entonces por qué actúan con sorpresa cuando se comen a los primeros combatientes? Entiendo esa reacción de cierto porcentaje de civiles, pero de todos los soldados? Es como vivir en el ártico y sorprenderse del frío que hace (“y esta cosa blanca como agua congelada que hay en todos lados, qué es?”).

Y en todo ese tiempo, no habían agarrado a ningún gigante para hacerle autopsia, o disecarlo, o algo? Ni siquiera uno de los de 3-4 metros, que parecen más manejables? Por ahí tenemos una escena de los nuevos reclutas en su academia, donde les dicen que no tienen información de los Titanes aparte de lo más básico (el punto en la nuca donde los pueden matar de un corte).
No me vengan diciendo que nunca hubo oportunidad de agarrar a uno, si vemos que tenían Titanes prácticamente acampados fuera de los muros todos los días. No es hasta el final de la batalla que comprende los primeros 13 episodios que nos dicen que atraparon a dos especímenes vivos.

También entiendo, de veras entiendo, que quieren darle protagonismo a la chivatada más grande de la serie: El sistema de movimiento 3D que convierte a todos en Spider-man steampunk con espadas (nerdgasm!!). Pero luego resulta que no les sirven de nada sus cañones de alto calibre y altos explosivos … durante el ataque Titan vemos que todos y cada uno de los disparos que hacen los cañones son inútiles, incluso en las raras ocasiones que logran pegarle a los gigantes mientras caminaban plácidamente por la ciudad. Si hay soldados cuyo trabajo es manejar los cañones de una ciudad sitiada por el enemigo, quiero creer que han dedicado un poco de tiempo a afinar su puntería. Los cañones no son efectivos contra los Titanes hasta – adivinaron! – el final de la batalla, cuando sólo se usan en la limpieza.
Repito, entiendo el por qué de las decisiones que tomaron pero las presentan durante la historia a expensas de la lógica. Me cuesta creer que habría gente tan poco preparada o informada en una situación similar. Si vemos el caso de Evangelion – otra historia con la humanidad sitiada por seres gigantes superpoderosos – tenemos a los habitantes de Tokyo 3 bien entrenados con rutas de evacuación y refugios en caso de emergencia (sin contar que la ciudad entera era un campo de batalla diseñado para combatir ángeles). En Naruto, cuando invade Orochimaru igual vemos a los ninjas guiando a los no combatientes a sus refugios antes de dar vuelta y contraatacar. En la vida real tenemos a Londres durante el blitz, donde todos – todos – tenían hasta su mascarita de gas (“are you my mummy?”) y medio sabían qué hacer cuando se acercaban los aviones alemanes. No vemos un reflejo de eso en Attack on Titan, ni siquiera con cien años de vivir con los Titanes justo afuera de los muros. Me hubiera gustado ver algo como “hey, tenemos todas estas defensas y a pesar de haberlas usado como se debe, pues nos hicieron pedazos”, y así reflejamos mejor la desesperación mostrada por todos.
La segunda parte es completamente distinta: aquí vemos la historia de un grupo de aguerridos combatientes tratando de capturar a una Titan de origen desconocido y peculiar inteligencia, y es súper emocionante.

Después de los eventos de la batalla anterior, el protagonista Eren Jaeger se une a la división del ejército responsable de hacer incursiones fuera de la seguridad de los muros. La misión en la que participa involucra viajar a una zona previamente habitada por humanos, pero invadida por gigantes. Pronto se encuentran con problemas, siendo el principal una Titan que parece estar relacionada al Titan colosal y que está persiguiendo a Eren Jaeger. Esa persecución es tensa, ya que involucra encuentros con varios grupos aislados de soldados en campo abierto. Nos mantienen ignorantes de la situación general al mismo nivel que los personajes, y junto a ellos vamos descubriendo más sobre la Titan… y sobre los planes de los comandantes en torno a ella.
No quiero dar demasiado spoiler así que no les diré nada específico, pero puedo decirles que aquí tenemos un ejército totalmente distinto del que vimos en la mitad anterior. Estos soldados van más a la ofensiva, usan mejor sus recursos y no se amedrentan tan fácilmente. Sus planes se topan con los amplios recursos de la Titan, a quien subestiman varias veces pero luego se adaptan y vuelven a atacar. Este ir y venir fue infinitamente más emocionante que la llorazón de la mitad anterior, y el desenlace se sintió como todo un logro.
Puedo decir que la segunda mitad rescata a la serie completamente. Si a la serie le doy 4 puntos geekos, piensen que estoy promediando un punto a la primera mitad y como siete a la segunda (si, siete de cinco). Si van a ver Titan, sepan que tendrán que armarse de paciencia por los primeros 13 episodios, pero que los últimos bien valen la pena.




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